¿Quieres A o quieres B? Tú decides…
Ayer mismo entré en una cafetería. Me apetecía un café. Nada más abrir la puerta, una gran humareda me invadió. “Qué asco”, pensé, “cuánto humo, qué mal huele”. Tras servirme un café con leche, noté que la cucharilla estaba sucia. “Uy, qué asco de cucharilla, está asquerosa”. Probé el café, que la verdad, tenía muy buena pinta. Pero… “está ardiendo, ¡esto no hay quien se lo beba!”. Cada vez me sentía más incómoda, más a disgusto… Pagué rápido, el café a medio beber, me marché volando, mientras pensaba para mis adentros, “no vuelvo a este sitio. Mira que he empezado mal el día…”. Con estos pensamientos, me dispuse a seguir con mi mala mañana, para conseguir recoger por la noche un mal día de verdad.
Ayer mismo entré en una cafetería. Me apetecía un café. Nada más abrir la puerta, una gran humareda me invadió. “Uy, cuánto humo”, pensé, “menos mal que en unos meses ya no se podrá fumar en los bares”. Tras servirme un café con leche, noté que la cucharilla estaba sucia. “Esta cucharilla está sucia, seguramente no se han dado cuenta”. Con una sonrisa, me dirigí al camarero, “perdona, ¿me podrías cambiar la cucharilla?”. El camarero se disculpó profusamente y me la cambió. Además, me regaló un bombón para compensar el pequeño incidente. Nos pusimos a charlar animadamente sobre el tiempo y la maravilla de la lluvia última que está cayendo. Al probar el café, que por cierto tenía muy buena pinta, sentí que estaba muy caliente. Pedí al camarero un chorrito de leche fría. “Qué café tan cremoso, rico, con espuma, mmmh”. Pagué, saludé, y salí del bar pensando para mis adentros “sí que hay gente amable por el mundo. Qué café tan rico. Pienso volver a este sitio siempre que pase por aquí, vaya suerte, encontrar esta cafetería. Mira que he empezado bien el día…”. Con estos pensamientos, me dispuse a seguir con mi buena mañana, para conseguir recoger por la noche un buen día de verdad.
¿Exagero? No lo creo. La manera cómo te relacionas con el exterior condiciona cómo el exterior se relaciona contigo. De ti depende…